Las apariencias engañan. Anécdotas que pasan en restaurantes


Foto | Fotograma de “El festín de Babette”

Las apariencias engañan

Antes me enfundaba en trajes con corbata que por imagen debía utilizar en el trabajo, al fin y al cabo el traje es un uniforme como pueda ser el mono de un mecánico. Afortunadamente ya no lo utilizo a diario, aunque en ocasiones que lo requieren me lo pongo tan a gusto. Esto viene a cuento, ya que hace unas semanas tenía que desplazarme a realizar un trabajo en una ciudad distinta a la que lo suelo hacer. El día se levantó gris, con lluvia y frío, así que me pertreché con pantalones vaqueros, forro polar, anorak y botas Gore-Tex para la lluvia. Después de trabajar decidí que antes de volver a casa iría a degustar la cocina clásica de un restaurante, con estrella Michelin, que conocía por amigos, guías, comentarios…

Al llegar al bar del restaurante se entabló el siguiente diálogo:

– Buenas tardes, desearía comer
– ¿Tiene reserva?
– No
– Espere que mire

Después de mirar varias páginas, como buscando un hueco entre tanta reserva, me confirmó que si había sitio. Antes de entrar en la sala me preguntan con total educación y seriedad:

– ¿Conoce el restaurante?

En ese momento pienso que lo que realmente me está preguntando, al ver mi atuendo deportivo con anorak, botas, mochila (para llevar el ordenador)… es ¿Sabe donde está entrando? Esto no es un restaurante de menú del día.

Con total convencimiento respondí con un si muy rotundo. Después de acomodarme en una de las mesas de la sala que estaba casi “vacía”, me decidí por uno de los menús gastronómicos que tenían.

Al rato llegaron dos personas bien trajeadas, les recogieron los abrigos, se sentaron en una mesa cerca de la mía. El maitre se acercó con la carta de los menús gastronómicos y preguntó:

– ¿Conocen el restaurante?

En este caso la pregunta era por el tono ¿conocen nuestra oferta gastronómica?

Después de explicarles los menús gastronómicos que tenían, los precios… ambos se disculparon por no tener tanto tiempo y sugirieron que les trajeran la carta con el menú. Empezaron a ojear la carta, miradas entre ellos, y al final uno de ellos le dice al otro:

– Bufff esto no es lo que buscábamos, se nos va de precio para comer ¿nos vamos?

Ambos se levantaron, pidieron sus abrigos, se disculparon por el tiempo que no disponían, que ya irían otro día…

Simplemente es una anécdota sin importancia aderezada con alguna licencia literaria y tengo que reconocer que el trato, el servicio y la comida fueron realmente excelentes.

De las experiencias vividas hay que sacar conclusiones y de ésta saco dos:

  • No hay que juzgar a la gente por su apariencia, ya que los prejuicios nos pueden llevar a engaño. También podríamos recordar otro refrán: El hábito no hace al monje.
  • Antes de ir a un restaurante hay que procurar informarse del tipo de cocina que elabora, sus precios…

He ilustrado esta anécdota con un fotograma de la película El festín de Babette y de paso os dejo también una secuencia de esta gran película.

Vídeo | Secuencia de “El festín de Babette”

Esta entrada fue publicada el 16 de diciembre de 2013 en nuestro blog Gastronomía con los cinco sentidos.

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